sábado, 12 de julio de 2014

Caída a los infiernos de la oscuridad y el karma

Estoy muy bajo de moral últimamente. He reducido el tiempo de meditación a sólo 20 minutos cada noche. Además, ahora se ponen a jugar al fútbol a esa misma hora unos niñatos en la plazoleta donde vivo y me joden la concentración. Por supuesto que, llamar a la policía no sirve de nada: estamos en Andalucia.

Bueno, el caso es que ya ni siento el Om ni veo la luz divina ni nada. Lo único que se me viene a la mente cuando medito (debería decir mejor: cuando trato de meditar) son los problemas que me tienen todo el día deprimido, que no son otros que la falta de trabajo y de ingresos.

En los libros de kriya yoga que leí, se asegura que, si uno alcanza cierto nivel en la meditación, las necesidades y los deseos sanos se cumplen con sencillez y simplicidad. También dicen que la propia psicología se va trasformando en beneficio de uno mismo, en el sentido de despertar el intelecto, la empatía y, una mejora general social. En mi caso, nada de eso ha ocurrido. Sigo siendo el mismo gilipollas de hace unos meses, cuando empecé a meditar. Sigo teniendo los mismos traumas, miedos y frustraciones. La negatividad de mi vida no me ha abandonado sino, más bien, se ha acentuado.

¿Será que lo hago mal, como todo en mi vida?¿Será que no existe la supraconciencia ni el yo causal que pregonan los sats gurús?¿Serán éstos unos iluminados a los que les falta poco menos que un tornillo? No creo. Me parece que el problema está en mí pero, como no tengo a nadie al lado, no sé cómo salir del pozo.

Me siento incapaz de salir de este maldito karma que me tiene aprisionado toda mi existencia. Mi desesperación es enloquecedora, no sé qué hacer. Creo que quiero morirme y ya está.