Quizá antes. Pero el 8 de enero de este año fue concluyente: me decían en el despacho que ya no podían pagarme, que me podía quedar trabajando gratis si quería. Una mierda, me dije yo, trabajar gratis, perder la poca dignidad que me queda, con la porquería que estabas pagando hasta ahora.
Soy abogado. Ejerzo desde hace 3 años en Marbella. En este tiempo sólo he visto ratas de alcantarilla, hienas humanas y tiburones con michelines. Clientes asquerosos, que te exigen como si fuese culpa tuya que les hayan detenido por traficar, robar o lesionar, que no pagan. Compañeros de la profesión que son capaces de regalarte a su madre para quitarte el cliente (el asqueroso también les vale). Muchas manos que se estrechan, sonrisas forzadas y, cierto dolor en la espalda, producto de puñaladas constantes.
Con esto quiero decir que mi vida profesional no me llenaba en absoluto, pero iba tirando. Me sentía como un pobre diablo que le debía mi existencia a todo el mundo: a mi jefe por el trabajo, al cliente, por dignarse a tratar conmigo, al del camión de al lado, por no atropellarme, etc.
Y en esto, mi despido.
Así que me fui a mi casa a mirar las paredes del salón y a beber cerveza, a ver si se me ocurría algo. Lo único que pasó es que pronto afloraron las putas lágrimas y el cuero cabelludo se me encogió de pena. Con 50 años cumplidos, dónde vas a ir. Eres un fracasado, me repetía mi lloroso yo. La última mierda que cagó una mosca.
Y así varios días.
En esto que cayó en mis manos la autobiografía de Yogananda Parahmansa. Al principio me dije, qué tendrá que contar este señor con aspecto de mujer feliz. Pero, a medida que iba leyendo, me atrapó con su impecable estilo. No sé si realmente fue escrito por él o si tuvo una serie de colaboradores al respecto pero, estaba muy bien escrito. Y me sumergí en su tranquilo mundo de búsqueda como el que sin darse cuenta va entrando plácidamente en el mar una calurosa tarde de verano.
Cuando terminé el libro, me dije: yo quiero ser capaz de alcanzar, al menos parte de lo que este hombre ha logrado. Quiero que mi vida cambie. Quiero dejar de ser un pelele de mí mismo y, sobre todo de los demás. Quiero practicar el Kriya Yoga. Pero, cómo. Mi desconfianza hacia quien imparte en el mundo occidental estos cursos es enorme, se acomodan a la moda imperante y te sacan la pasta con la escusa de renovar tus chakras.
Así que me metí a investigar por internet.
(Continuará)
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