En Internet encontré multitud de páginas dedicadas más bien al asunto de las posturas que a la meditación propiamente dicha. Mucho rollo tántrico, mucha filosofía del bienestar espiritual y todo eso. No me convencía, parecía puro escapismo, autosugestión superlativa, aunque seguro que me equivocaba.
En esto, que descubro el libro " Siete lecciones para vivir conscientemente" de Roy Eugene Davis, discípulo directo de Yogananda . Ahí se describe cómo meditar, de una manera sencilla, sin reliarse las piernas entre los muslos ni ponerse música al efecto.
Así que, una noche de invierno de 2014, cuando todos en casa estaban durmiendo, comencé a practicar kriya yoga. Me senté en una silla del salón-comedor, descalzo, la espalda y la cabeza rectas, las manos entrelazadas al estilo Sri Yukteswar, maestro directo de Yogananda Pahramansa, apagué la luz y, respiré por la nariz.
Por supuesto, a los 30 segundos me preguntaba si lo estaba haciendo correctamente. A los 40 segundos tenía en mente todo lo ocurrido meses, incluso años, todas imágenes negativas. A los 2 minutos me encontraba tan agobiado por el peso de los recuerdos sobre mi fracaso que salían lágrimas como piscinas de los ojos cerrados. Persistí en el intento. Roy decía en el libro que si te salías de la concentración te venía muy bien recitar un mantra. Un mantra es una palabra o frase clave para reconducirte a la meditación. Se suelen utilizar términos como paz, amor, etc. Yo usé energía, luz y, un sin fin más que no recuerdo. No dejaba de conversar conmigo mismo mientras miraba la oscuridad de mis párpados dentro de una estancia a ocuras.
Y así pasaron unos 30 minutos. El caso es que cuando abrí los ojos, me sentía de alguna manera aliviado. Lo atribuí a que no había hecho otra cosa que autoanalizar mi poco exitoso periplo por la vida hasta el momento presente, como si estuviese en el sofá de un sicoanalista. Los días siguientes fueron similares. Pero, a decir verdad, no tenía nada que perder y, desde luego, no parecía hacerme mal alguno el hecho de sentarme cada noche un rato con los ojos cerrados intentando mirar hacia mi interior más profundo.
Continuando con la lectura del libro de Roy Eugene Davis, advertí algunas claves que mejorarían la práctica de la meditación. Pero eso, lo contaré pronto.
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