martes, 10 de junio de 2014

Buscando el OM

Recapitulando: Después de casi dos meses de meditación con  el método del Kriya Yoga, sin acudir a ningún centro al efecto, ví una explosión de lucecitas y sentí algo parecido a un orgasmo mental. ¿Sugestión? Puede ser. Los días siguientes también estuve casi una hora meditando y alcanzando esa especie de cumbre lumínica con acompañamiento de placidez.

Pensé que lo había logrado en tiempo récord: había alcanzado la supraconciencia, yo solito. En breve, la gente me sonreiría por la calle como el que ve a un carismático famoso. Todo el mundo vería el aura sobre la mi cabeza y se me haría un hueco en el espacio de las personas exitosas.

Nada de eso. Todo seguía igual. Sin trabajo, sin ser más inteligente ni intuitivo. Las cajeras del supermercado con la misma cara de seto, la misma mirada de fracasado frente al espejo. Es más, me daba la sensación de que lo que me estaba ocurriendo era que me estaba aislando del mundo exterior; que sólo me sentía invulnerable y protegido cuando estaba en la cuna de la meditación y luego, hablando con los demás, me costaba hasta expresarme con soltura.

¿Qué opinará de esto el maestro Roy Eugene Davis?, pensé. Así que continué con la lectura de su libro: amigo, la prisa no se corresponde con el Yoga. Su propio maestro, Yogananda, le indicó que, tras uno o dos años de práctica fiel y sincera, empezaría a notar los cambios en su psicología. ¡Yo solo llevaba dos meses y ya quería ser como el gran sat-gurú Lahiri Mahasaya! Humildad, tesón, vuelta a empezar.

Paulatinamente, iba descendiendo los minutos de cada sesión. Y además, no volví a experimentar la visión luminosa. Así que me dediqué a buscar dentro de mí el OM, como diría Sri Yukteswar: " la Voz, un sonido peculiar que golpea. Dicha Voz es la Vibración Cósmica, el Verbo, el Amén." Si uno no es capaz de percibir esa corriente sagrada y ser uno con ella, no progresará en el Kriya Yoga.

Y seguía sin oír nada que no fuera mi propio pitido interior. Una noche, se produjo una subida paulatina de un bombeo que atronaba en mi cabeza y se iba, volvía y se iba. ¿Será esto el OM? Pensé que no. Ya me había ocurrido algo semejante cuando estaba cansado o alterado por algo en algún episodio de mi vida. Sin embargo, ahora lo experimentaba en un estado de total calma. Era extraño, sin embargo, estaba convencido de que no era el OM, entre otras cosas, porque venía y se iba y no producía ninguna sensación de acercamiento a la Verdad ni narices.

Y así pasó otro mes, sin pena ni gloria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario